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El Fluir del Loto -
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El Árbol del Mundo

     Entre las culturas precolombinas de Mesoamérica, el concepto de “árbol del mundo” es un motivo frecuente en las cosmologías míticas y la iconografía de Mesoamérica.

     Los árboles del mundo encarnan los cuatro puntos cardinales, lo que representa también la cuádruple naturaleza de un árbol central mundial, un axis mundi, o eje del mundo, conectando simbólicamente los planos del inframundo y el cielo con los planos del mundo terrestre.

     Las descripciones de los árboles del mundo, tanto en sus aspectos direccionales y centrales, se encuentran en el arte y las tradiciones mitológicas de culturas mesoamericanas, tales como la maya, azteca, Izapa, mixtecos, olmecas y otras. Tales culturas datan de los períodos formativos medio-tardíos de la cronología Mesoaméricana.

      Entre los mayas, el árbol del mundo central fue concebido o representado como por un árbol de ceiba. El tronco del árbol también puede ser representado por un caimán en posición vertical, cuya piel evoca el tronco del árbol espinoso.

      Árboles direccionales del mundo también están asociados con los cuatro portadores del año en los calendarios mesoamericanos,  los colores direccionales y las deidades.

     Códices mesoamericanos que han descrito esta asociación incluyen el códice Dresden, el códie Borgia, y los códices Fejérváry-Mayer. Se supone que los sitios de Mesoamérica y centros ceremoniales con frecuencia tenían plantados árboles reales en cada uno de los cuatro puntos cardinales, representando el concepto cuatripartita. Los árboles del mundo eran representados a menudo con los pájaros en sus ramas y sus raíces extendiéndose en la tierra o el agua y a veces encima de un “monstruo acuático,” símbolo de los infiernos. El árbol central del mundo también ha sido interpretado como una representación de la banda de la Vía Láctea.

“El_Fresno_de_Yggdrasil” por_Friedrich Wilhelm. Heine..

Yggdrasil (árbol de la vida) en la mitología nórdica es un fresno perenne cuyas raices y ramas mantienen unidos los diferentes mundos: Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y Jötunheim. De su raiz nace la fuente que llena el pozo del conocimiento, custodiado por Mimir.

A los pies del árbol se encuentra el dios Heimdall que es el encargado de protegerlo de los ataques del dragón Niöloggr y de una multitud de gusanos que trataban de corroer sus raíces y derrocar a los dioses a los que este representaba. Pero también contaba con la ayuda de las Nornas que lo cuidaban regándolo con las aguas del pozo de Urd. Un puente unía Yggdrasil con la morada de los dioses, el Bifröst (arco iris )

El gran fresno está habitado en su cima por un águila, por su tronco corre la ardilla Ratatosk, y bajo sus ramas cuatro potros mordisquean sus yemas. Tres son sus raíces principales; una se extiende hacia el reino de los dioses ases, y allí se encuentra la fuente Urder, donde nadan los padres de la raza de los cisnes, y con cuyas aguas riegan las Nornas el árbol. Las Nornas que deciden el destino de todas las criaturas, y que en realidad son muchas más que tres, descendiendo en algunos casos de elfos, incluso de enanos. También aquí se dirigen los Dioses para presidir el juicio.

Otra raíz se extiende hacia el reino de los Gigantes, y allí se encuentra la fuente de Mimmer, en la que se halla la sabiduría, y en la que el mismo Odín dejó en prenda su ojo para tomar de ella. La tercera se extiende hacia el reino del frío y las tinieblas, roída por incontables serpientes (según versiones dragones) entre las que se encuentra Nidhurg.

Heinrich Niedner, en su recopilación de Mitos Nórdicos (1915), escribe acerca de Yggdrasil una reflexión muy cercana a la meditación:

“Sus raíces son roídas por las serpientes y unos potros muerden sus ramas, pero sin embargo el árbol inmortal se mantiene en pie y florece de año en año (…) hunde profundamente sus raíces en el reino de Hela o de la Muerte; su tronco alcanza las alturas del cielo, y extiende sus ramas sobre todo el universo.(…) Sus ramas, con sus florecimientos, y sus caídas de hojas – acontecimientos, sufrimientos, acciones, catástrofes-, se extienden a través de todos los países y de todos los tiempos. ¿Acaso cada una de sus hojas no es una biografía, cada una de sus fibras un acto o palabra? (…)Pero el árbol no es todo el símbolo; está ligado con las grandes aguas, con la transparente fuente (…) y a los ríos turbulentos que circulan en las entrañas de la tierra. Mientras que la calma firmeza del árbol y el ruido monótono del viento a través de sus hojas invitan al espíritu a reposar, la incesante actividad de las diferentes especies de animales que se alimentan de sus ramas nos recuerda la Naturaleza, que jamás reposa y jamás se fatiga. El árbol suspira y muge bajo su peso; los animales se mueven en él y a su alrededor (…) cada especie tiene su sitio y su destino (…) y mientras todas están activamente ocupadas, las gotas de rocío caen para refrescar la tierra y el corazón del hombre. (…) Hay varios que lo vigilan y lo cuidan; unos seres más elevados lo protegen (…) todo lo que posee vida (…) tiene su morada en este árbol y su trabajo para realizar.”

Los Nueve Reinos o Mundos del Yggdrasil

Para los nórdicos, el mundo del hombre era nada más una rama del gran Yggdrasil, el fresno del mundo. Nueve mundos posee Yggdrasil, y por ellos pasó Odín antes de obtener el secreto de las runas. El árbol se divide en tres partes. Niflheim, Midgard y Asgard (raíz, tronco y copa, respectivamente), se puede notar en esto la representación del ciclo de nacimiento, vida y muerte que ya se siente en las nornas.

Las raíces son tres. La primera se dirige hacia la Fuente de Hvergelmir. La segunda a la fuente de Mimir. La última a la Casa de las Nornas, el Destino. Los mundos son los siguientes por orden ascendente:

1. Helheim, el Reino de los muertos.
2. Svartálfaheim, el Reino de los elfos oscuros
3. Niflheim, el Reino de la nieve y el frío intenso.
4. Jötunheim, el Reino de los gigantes.
5. Midgard, el Reino de los Hombres. (también conocido como Mannaheim.)
6. Vanaheim, el Reino de los Vanir (una tribu de dioses).
7. Alfheim, el Reino de los elfos de la Luz. (también conocido como Ljusalfheim.)
8. Asgard, el Reino de los Dioses (Aesir).
9. Muspelheim, el mundo primordial de fuego, allí se encuentra el Ginnungagap.


La imagen de Yggdrasil articula una cosmovisión en la que nada queda excluido, un orden perfecto en el que cada elemento tiene una función propia, coordinada con el resto, en el que los aspectos positivos y negativos se equilibran. Enlaza el cielo desde sus alturas insondables, con la profundidad más oscura; lo que está por venir con lo que fue primero, y enlaza las diferentes especies de la naturaleza; animales, espíritus y dioses.

Este recorrido que realizamos al contemplar el gran árbol, cuyo espíritu encarna también el árbol de Yule; esta toma de conciencia de que hay un lugar adecuado para cada elemento, en el que cumple una función necesaria, es un ejercicio que, de uno u otro modo se ha practicado a lo largo de los tiempos. Lo vemos de un modo más cercano en la práctica del enraízamiento (grownding). Yggdrasil es un símbolo del orden que se mantiene por el equilibrio, una poderosa imagen para aprender a centrarnos, a profundizar y a crecer, para interactuar de un modo sano, útil, y sabio, con nuestro entorno. Es un lugar sagrado en nuestras almas al que nos podemos acoger, y encontrar todo cuanto nos es necesario para seguir adelante. 

"Roble Mayor"

     Situado en el corazón del bosque de Sherwood, es un árbol legendario en Reino Unido. Cuenta la leyenda que fue el refugio del arquetípico héroe Robin Hood y de sus hombres, que dormían a su sombra tras un largo día de trabajo de “robar a los ricos para dárselo a los pobres”.

     Este viejo roble y magnífico está en el corazón de Birklands y Bilhaugh Woods- maderas corona situada en el área 'Bosque Alto' de Sherwood en la época medieval.

     El árbol se encuentra en el límite oriental de la madera Birklands, en el borde occidental de Gleadthopre abierto un área de páramo que separa Birklands de madera Bilhaugh. Bien pudo haber sido un 'roble frontera' de la madera Birklands en la época medieval. Estos dos maderas ahora forman la Reserva Natural Nacional Bosque de Sherwood, cerca de Edwinstowe en Nottinghamshire. Fue nombrado después de Major Hayman Rooke un anticuario local que registró los antiguos robles del bosque de Sherwood, en el siglo 18. "Un plan de los henos de Birkland y Bilhagh dentro del Bosque de Sherwood en el condado de Nottingham perteneciente a la corona '. Encuestados en el año 1791 por John Renshaw siguiendo una ley del Parlamento en el 26 º año de George III muestra 'un árbol llamado Major Rooke "(Nichols 1987). El mapa se conserva en el Archivo de Nottingham como NRO ED 4 L. Es posible que esta es la primera referencia a la Encina Mayor que lleva ese nombre. La publicación de Rooke 'Oaks Notable' no se publicó hasta 1790. Fue la asociación de Rooke con este árbol y la fama reunió después de sus publicaciones que ayudaron en el enlace para establecerse. Anteriormente, el árbol había sido conocido por una serie de nombres.

     También hay que señalar que en el mapa un poco más tarde de Birklands y Bilhaugh encuestados por James Dowland para su inclusión en Rookes propio 1799 la publicación 'de un bosquejo del Estado antiguo y presente del bosque de Sherwood en el condado de Nottingham' el árbol no tiene nombre (Rooke 1799). (Gaunt y Gillott 2011).

     Antes de que fuera conocido como el Roble Mayor fue llamado el "árbol Cockpen 'porque fue supuestamente utilizado para albergar a los gallos de pelea. También ha pasado por el nombre de la 'Reina del Roble'. El árbol ahora constituye la principal atracción turística en la Reserva Natural Nacional Bosque de Sherwood y está visitamos por millones de personas. Después de haber permanecido durante casi mil años, ha visto su parte justa de la historia y sin duda se merece el título de icono.

El Tejo Milenario de Bermiego

   El Texu de Bermiego se halla en la provincia de Asturias. Bajo sus ramas ha habido juramentos, reuniones vecinales, juicios y enterramientos. Con sus 15 metros de altura, sus casi siete de perímetro y sus 15 de diámetro de copa, 2.000 años contemplan al que es, según los expertos, el tejo más antiguo de Europa. Con raíces mitológicas y cierta superchería, se halla en Bermiego, una aldea situada en la asturiana Sierra del Áramo. La majestuosidad de este árbol y su longevidad, Monumento Natural desde 1995, le ha valido un premio del Ministerio de Medio Ambiente.

   En España hay unos 5.000 millones de árboles, lo que, en un mundo ideal, significaría que cada ciudadano tiene bajo su responsabilidad 125 de estos seres vivos, algunos de los cuales cuentan con más de 1.000 años de antigüedad. Sin embargo, en la última década ha desaparecido el 20% de estos monumentos naturales, casi siempre por causas externas, bien sea por la comercialización de su madera, el trasplante a fincas privadas o los incendios intencionados.

Por eso se puede afirmar, a tenor del color rojizo presente en el interior de tejos y robles cortados sin compasión, que España sangra. Y no es la primera vez. «Se calcula que no queda ni el 1% de los bosques que cubrían, hace apenas un par de milenios, cuatro quintas partes de la Europa occidental», escribe el máximo experto en la materia, el naturalista Ignacio Abella, en su libro La memoria del bosque (Ed. RBA).

Por suerte, muchos árboles milenarios han sobrevivido a la acción del hombre, y no gracias al empeño de los gobiernos –que todavía no se han dignado a promover un marco legal que los ampare–, sino al de los aldeanos que viven cerca de ellos.

   Este afán colectivo por preservar los árboles, así como la simbología que a menudo encierran, se percibe en Bermiego, villorrio asturiano perteneciente al concejo de Quirós, donde no sólo se alza el que probablemente sea el tejo más antiguo de Europa (en competición con el de Fortingall, en Escocia), sino también el rebollo, derivado de la familia del roble, más vinculado a la historia de un pueblo de cuantos puedan existir en España. «No sabría decir cuál de los dos árboles tiene más importancia para el pueblo», comenta Eva Martínez Viejo, teniente de alcalde de Quirós.

Situado en la falda occidental de la Sierra del Áramo, Bermiego todavía conserva la esencia de la Asturias rural, con sus hórreos del siglo XVI y sus ancianos calzando madreñas. Se desconoce el origen exacto del pueblo, aunque algunos aseguran que los primeros pobladores se asentaron en lo que hoy se conoce como el Llano del Muerto, ladera de un monte bajo donde quedó sepultado el primer asentamiento, mientras que otros dicen que la aldea estaba originariamente más abajo, y que los pobladores se mudaron cuando apareció un cuélebre (ser mitológico en forma de serpiente alada), instalándose en el lugar donde hoy se alza el pueblo. Sea cual sea la teoría certera, los habitantes coinciden en que tanto el tejo como el rebollo existían antes de que se construyeran las primeras casas, e incluso hay quien afirma que precisamente se eligió esa localización por encontrarse entre dos árboles protectores.

   El de Bermiego, declarado Monumento Natural en 1995, está junto a la Iglesia de Santa María, a un kilómetro del pueblo. Con sus 15 metros de altura, sus 6,6 de perímetro y sus 15 de diámetro de copa, este Taxus baccata es uno de los mejor conservados del continente europeo, aun cuando la ingente cantidad de turistas que lo visitan haya causado estragos con su afición a grabar sus nombres con navaja en el tronco.

   A fecha de hoy se desconoce la antigüedad de este árbol, pero no son pocos los especialistas que aseguran que ronda los 2.000 años. Lo que es seguro es que existía desde antes de la construcción de la Iglesia de Santa María, que pudo ser alzada a su vera para continuar con la tradición ancestral de enterrar a los difuntos entre las raíces del árbol, con la intención de que éste se alimentara de esos muertos, para que conservara su alma. No en vano, hace unos años se encontró un esqueleto que los científicos de Oviedo dataron en más de 400 años. Además, se sabe que, cuando la peste asoló Bermiego, dejando sólo 13 supervivientes, se enterró a los difuntos en fosas comunes situadas bajo el tejo, contribuyendo a la idea de que ese compañero ancestral contiene el alma de sus antiguos pobladores.

   Sin embargo, este árbol no sólo se alimenta de los muertos, también es símbolo de vida, como demuestra el que su fruto, llamado moquillo, haya sido durante siglos la chuchería preferida de los guajes del pueblo. Se trata de un fruto rojizo, jugoso y dulce en torno al cual siempre ha existido la polémica sobre su posible toxicidad. «No es cierto que sea venenoso. Lo único venenoso es la vulva fermentada, con la que se untaban las flechas para cazar», aclara Nieves Alonso Viejo, maestra retirada, de 76 años.

   Y los actuales chiquillos del pueblo, en realidad niños de ciudad que vienen a pasar los veranos con sus abuelos, no pueden confirmarlo, porque ya no se atreven a hincar el diente al moquillo. De cualquier modo, el tejo es realmente un árbol venenoso, ya que contiene un potente alcaloide capaz de paralizar el sistema nervioso de quien lo ingiera. Probablemente, esa toxina hizo que los brujos de antaño relacionasen el árbol con las alucinaciones y afirmaran que su sombra poseía un poder maléfico que hacía enfermar a quien buscara su cobijo.

   Pero el tejo, como todos los objetos sagrados, es contradictorio. En 1971 se descubrió que la corteza de la variedad del Pacífico contenía una sustancia anticancerígena que hoy, cuando ya se ha sintetizado, continúa salvando vidas. «Yo de eso no sé nada, pero tampoco me preocupa lo que dicen del moquillo, porque en el pueblo ya no hay niños y los que vienen traen sus juguetes y no escalan el árbol para comer sus frutos», dice Manuela Álvarez, una de las abuelas, 70 años, de Bermiego.

   Si el teixu l’iglesia se encuentra a las afueras del pueblo, el rebollo (Roble) de Pando se encuentra en el centro mismo, junto a la capilla de San Antonio, sobre la cual alza sus majestuosos 10 metros de altura, los 6 de perímetro y los 19 de diámetro de copa. Pero este árbol, al contrario que su compañero, no conserva su esplendor. Con el tronco ahuecado, algunas ramas muertas y ciertas zonas renegridas, a duras penas sobrevive a cuantas calamidades le han acechado a lo largo de los últimos cincuenta años y que, de alguna manera, vienen a confirmar ese rumor popular según el cual la agonía de cualquier rebollo simboliza la agonía de la cultura del bosque en el lugar donde se encuentra.

   Salvo honrosas excepciones, como la emprendida por el proyecto Árboles, leyendas vivas, que ha catalogado más de 4.000 ejemplares singulares de nuestra geografía, los españoles prefieren mirar el ladrillo antes que la arboleda, por lo que no es de extrañar que el rebollo de Bermiego esté en mal estado. «El árbol está triste por las fotos que le hacen los turistas», asegura Manuela. Y aunque se equivoca, no deja de ser significativo que esta anciana atribuya la tristeza a la modernidad.

Pero la realidad es distinta a la poesía. El roble sufre, por ejemplo, desde que un vecino cortó parte de sus raíces para construir una casa que poco después se incendió, lanzando sobre el árbol rescoldos que, a su vez, hicieron que se quemara. «El rebollo acobardó cuando le cortaron las raíces y el pobre va para abajo sin remedio», recuerda el alcalde del pueblo, Aurelio Álvarez Menéndez. Y no acabaron ahí sus desgracias. Algún tiempo después unos guajes, jugando con cerillas, le quemaron de nuevo, con tan mala suerte que prendió por dentro, teniendo los lugareños que rajar el tronco para apagarlo. «Yo fui uno de aquellos niños. No nos dimos cuenta de lo que hacíamos, pero ya pagué mi error, porque me zurraron a base de bien», confiesa un Alfonso Sierra García, de 47 años, todavía con cierta congoja en la voz.

   Aún así, no hay aldeano en Bermiego que no atribuya la tristeza del rebollo a lo que podríamos llamar la muerte de las tradiciones, no sólo en su pueblo, sino en toda la España rural. Hay más ejemplos: hace algunos años, cuando alguien emigraba para hacer las Américas, abrazaba el roble antes de abandonar el pueblo; hoy nadie le presta atención cuando deja el municipio para instalarse en la ciudad. Y tampoco se celebran los bailes del pueblo bajos sus ramas, ni se juega a los bolos junto a su tronco, ni se bromea, como cuando «se colgó un pelele con las ropas de un hombre querido en el pueblo, para hacer pensar a la gente que se había suicidado», recuerda Silvino Viejo González. Todo eso se hacía alrededor de un rebollo que hoy tiene las ramas torcidas y todo eso se ha perdido, haciendo válidas las palabras de Ignacio Abella cuando escribe que «vivimos en la ilusión de que somos independientes de la tierra, de la naturaleza y sus ciclos». Pero, como dice el biólogo, eso no es más que pura ilusión.

Texto de Álvaro Colomer

Árbol de Bodhi

     El árbol Bodhi (“Árbol del Despertar”, también conocido como el Árbol Bo) en Bodhgaya es un descendiente directo del árbol bajo el cual Siddharta Gautama alcanzó la iluminación. Después de 49 días de meditación, fue aquí donde Siddharta Gautama se convirtió en el Buda, el “Iluminado”.

     Según la tradición budista, Siddharta Gautama finalmente abandonó años de ayuno riguroso al aceptar la leche y la miel de una mujer joven. Luego se sentó bajo el árbol Bodhi y juró no moverse hasta que alcanzase la iluminación. Después de 49 días de meditación concentrada y varias batallas con Mara (ilusión), Siddharta se convirtió en el Buda “Iluminado.”

     El árbol Bodhi es conocido por los botánicos como Ficus religioso (fig santa), una especie de higuera de la familia Moraceae. Las hojas del árbol son algo inusuales, con una punta distintiva extendida. El árbol Bodhi que existe hoy en día no es exactamente el mismo bajo el que se sentó a meditar el Buda hace 2.500 años, pero también puede ser un descendiente directo.

     En el siglo tercero antes de Cristo, la hija del emperador Asoka Sanghamitta trajo una rama del árbol de Bodhi y la plantó en Anuradhapura, donde todavía crece hoy. Según la tradición, la esposa de Asoka destruyó el árbol Bodhi original, por celos del tiempo que el emperador pasaba allí.

PEREGRINAJE

      El camino que hizo Buda después de su iluminación está marcado por Chankramanar, “el camino de joyas”, forrado con 19 flores de loto y situado en el lado norte del templo Mahabodhi.

      Debido a su estrecha asociación con la iluminación, esta es la meta de todos los budistas, el árbol tiene un gran significado sagrado y simbólico. De acuerdo con algunos budistas, el árbol Bodhi es el centro del mundo y el lugar en el que todos los Budas iluminados alcanzan la iluminación. En el arte budista temprano, antes de que se utilizase la imagen de Buda, la imagen de un árbol era uno de los símbolos que se utilizan para representarlo.

       Los primeros peregrinos tomaron hojas y semillas del árbol de Bodhi de vuelta a sus monasterios y casas y plantaron árboles sagrados en toda la India y los países vecinos. Casi todos son probables descendientes del árbol de Bodhi. Aún hoy en día, es costumbre plantar un árbol Bodhi en cada monasterio budista para simbolizar la presencia del dharma (enseñanzas budistas).

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