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Comunicación con el Reino Vegetal - Conversar con los Árboles

Brian Wave - Sonidos del Bosque
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Hace tiempo llegué a la conclusión de que todas las especies que convivimos en este planeta, ya sea vegetal, animal o humana, e incluso etérica o energética, cohexistimos con la capacidad de poder alcanzar los estados de comunicación entre especies. Pero claro, nuestro aparato fonador es bien diferente al de los vegetales o al de los animales, ¿cómo lograrlo entonces? ¿es realmente posible? Si, lo és.

Para empezar, los humanos, tenemos diferentes tipos de comunicación: oral, gesticular y escrita, en donde incluiría la telepática, puesto que es la que más desarrollamos para comunicarnos con otras especies. Pero el Humano de hoy, en su mayoría, vive absorto en un mundo invadido por el estress, por la velocidad, un mundo de cemento, donde el dialogo interno es el más ejecutado, manteniendonos este, desconectados de nuestro Ser y del resto de seres que nos rodean. Es cierto que incluso entre nosotros mismos, que usamos el mismo lenguaje, nos cuesta entendernos, puesto que ese dialogo interno, nos impide practicar la escucha. Así es, que salir a la Naturaleza, al Bosque, y tratar de comunicarnos con los árboles y con las plantas, inclusive con los animales, se ha llegado a convertir en una tarea ardua y casi inexistente, relegada hoy en día, a reductos de personas que habitan el medio natural y no han perdido ese vínculo ancestral, que nos fue concedido en los albores de la humanidad. Como he dicho, el hombre y los vegetales, usamos aparatos fonadores muy diferentes. En el caso de los hombres, Lo componen tres grupos de órganos diferenciados:

 

Los árboles, tienen su aparato fonador repartido por todo su cuerpo. Una parte está en sus raíces pilíferas o de absorción, y con la colaboración del micelio, ese hongo diminuto que se extiende y se reparte bajo tierra, pueden estar conectados a otros árboles; y además de pasar a través de ellas, nutrientes, también envían información. Otra parte está en su copa, que a través del movimiento de sus ramas y hojas emite frecuencias que se miden en ciclos por segundo, propagándose en todas las direcciones como ondas esféricas. A través de los estomas de sus hojas, emanan un tipo de gases que les permite la comunicación intraespecie. Y existe una forma más de comunicación de la que hablaremos más adelante, puesto que es algo que estamos investigando y valorando en la actualidad.

¿Cuál es la fórmula exacta para recuperar el vínculo y por ende la comunicación con estos legendarios seres que son los árboles? ¿a caso existe?¿Cómo sincronizar nuestros aparatos fonadores? Esto es algo sencillo y complejo a la vez. La primera palabra clave es: SILENCIO. Pero no sólo el silencio externo, también el interior, ese que nos permite reconectar con nuestra esencia, que nos ancla a la profundidad de nuestra alma, que nos recuerda que somos seres eternos y bellos; tan eternos y tan bellos como lo es la propia Naturaleza, pues somos parte de ella, cuando vibramos en su sintonía.

¿Por qué algo aparentemente ta sencillo puede resultar tan complicado? Porque venimos de una sociedad donde nuestro silencio no interesa, no genera beneficios a la élite gobernante, que prefiere una población dormida y desconectada, dóciles e influenciables.

Poder escuchar y conectar con nuestra esencia, requiere de tiempo y practica continuada, y ello nos abre las puertas de la auténtica libertad. Y ser libres es la cúspide de la montaña que añoramos conquistar. Para llegar a esta cima hay diferentes caminos valiosos y auténticos, cada uno ha de descubrir y andar el suyo propio. Desentramar los artificios del engaño será más sencillo si ya somos capaces de aquietar nuestra mente normalmente agetreada y extender el hilo conductor de nuestra intuición, que funciona brillante y eficiente cuando nuestra vibración se eleva y sintoniza con la energía que todo lo mueve, que todo lo encauza: A.M.O.R. (Amplitud Modulada de Onda de Resonancia). El Amor no es un sentimiento, no es una emoción. Es la energía universal que logra que todo gire y se amalgame, que hace que nuestro puzzle ensamble como por arte de magia. Otra palabra clave es: ENERGÍA, y para que nuestra energía sea de calidad, se han de cumplir tres aspectos que debemos de cuidar con mimo y esmero: Alimentación, Aire que respiramos, e Impresiones o impactos emocionales. Si la energía de estas tres variables es de calidad, la nuestra también lo será, abriéndose a nuestro paso un mundo del que antes ni hubieramos sospechado de su existencia.

Por lo tanto, ya sabemos que el primer paso es recuperar el silencio interno y el segundo es elevar la calidad de nuestra energía. El tercer paso se trata de la OBSERVACIÓN. Primero la nuestra propia, la Mirada Interior, que nos ayuadará a des-andar el laberinto de patrón sobre patrón que nos hemos venido imponiendo y ejecutando, cubriendo nuestro Ser brillante en una maraña, en un ovillo que lo mantiene oculto y asfixiado. Cuando hayamos alcanzado el estado óptimo, lo sabremos, estaremos preparados para sentarnos en el Bosque y fusionarnos con él como nunca antes lo habremos hecho. El Bosque nos abrazará, seremos parte de él, no pondremos mente a nuestra mirada, ni palabras a las bocanadas de paisaje que degustemos desde nuestros ojos hasta nuestro corazón. Lo andaremos con el sigilo del zorro, lo escucharemos con la precisión del búho, lo oleremos con la intensidad del lobo, lo bailaremos con el donaire de la mariposa y profundizaremos en él, con la viveza del árbol que sumerge su raíz primigenía atravesando la tierra y desentramando rocas, buscando afianzarse de por vida en el terreno que le donará su máximo explendor, sin prisa, pero ya sabes... sin pausa.

La continuidad de ingresar en la Naturaleza en estos estados, nos irá abriendo el poderoso camino de la comunicación "interespecie". Pero se abre aquí, ante nosotros, una máxima más: SIN EXPECTATIVAS. Cuando vaciamos nuestra mente, entramos en el no-tiempo, y en el no-tiempo, todo deja de ser lineal y abandonamos las lógicas aparentes, para ingresar en el mundo de la lógica natural, que es aleatoria aunque precisa, que es sútil y evidente al mismo tiempo. Y cuando dejas de esperar, te alejas del peso del pasado y del ansia del futuro, te caminas, te sientes, te experimentas en el presente, donde la Naturaleza se mueve y gesta cada experiencia, todas diferentes y unidas a la vibración asociada que trae consigo el mundo natural.

El cuarto y último paso es DE IGUAL A IGUAL. No somos ni mejores ni peores que nada ni nadie. Cuando penetramos en un Bosque, lo hacemos sintiéndonos uno más de ese engranaje perfecto por el que está compuesto. No somos sanadores del bosque, ni estamos subyugados a él, porque después de alcanzar el estado conveniente... ¡somos el Bosque!. De hermano a hermano nos dirigimos y nos entregamos a la experiencia incomparable de fusión, que en ocasiones despunta incluso con experiencias de carácter místico.

En la vibración del amor todo se nos muestra; unos verán danzar a los árboles, otros escucharán su voz adoptando nuestro lenguaje, algunos recibirán impresiones, sensaciones telepáticas y otros, abrirán sus ojos al caminar y se descubrirán caminando junto a los animales que acompañarán sus pasos regocijados por la comunión.

Ellos quieren comunicarse, añoran nuestro contacto, nuestro reconocimiento. Compartir es su esencia, llegó por fín el día de devolverles su lugar en el mundo.

La disposición de entrar en un bosque, para mí, nunca es la de consumir (ir al bosque a consumir las propiedades enegéticas que tienen los árboles de forma natural, como si fuera un "supermercado espiritual"). Los bosques del mundo están débiles y faltos de amor y reconocimiento, ese es mi camino y lo recorro con sencillez y entusiasmo, porque ir en la experiencia del compartir, es invertir el proceso que el hombre siempre ha ejecutado: lucrarse de la Naturaleza, como si ella estuviera a su servicio; expoliarla primero de su madera y sus terrenos y animales, para ahora ir a saquear también su energía, sin tener la consideración de que la mayoría de las veces, estos árboles, necesitan esa energía para sí mismos. Cuando optamos por "dar" todo cambia a nuestro alrededor, en demasía, cuando damos altruistamente, sin esperar nada a cambio, en esa extesión notable del "no-tiempo". Cuando damos, la magia comienza a desarrollarse a nuestro alrededor y, descuida, siempre recibimos, pero sin poner mente ni tiempo, nos entregamos a la sabiduría excelsa del Bosque, a su abrazo cálido; en el conocimiento de que yo, también le estoy abrazando. En contadas ocasiones, he vivido situaciones complicadas o apremiantes, en las que he tenido que pedir ayuda al Bosque, y él, siempre ha resuelto, siempre me ha prestado su ayuda, porque en la consideración, está el afecto. No me comunico por curiosidad, o por aquel "por si acaso", me comunico y solicito su intervención cuando se da que yo, por mi misma, no puedo resolver, cuando mi libertad se coharta y la autonomía mengua. En esos casos, la prueba tangible de que soy una con el Bosque se evidencia y yo.... yo doy las gracias.

©Noelia Velasco