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LINAJE ARBÓREO

Actualizado: mar 12

Vengo de un linaje de "manos verdes". Que ¿Quiénes son los manos verdes? son aquellas personas con una cualidad excepcional para relacionarse con el mundo vegetal. Mi abuela materna, era la "Yerbatera" de Lastres, sus remedios verdes traspasaban las lindes del pueblo pesquero, no había planta que no conociera, de aquí o de allá, sus conocimientos eran populares en todo el pueblo. Jardinera y horticultora reconocida, creo un vergel a las puertas de su casa, un jardín, que sin duda, marcó mi idea de estructura paisajista. Su jardín era conocido en toda la comarca y a menudo recibía visitas de todos los puntos cardinales con ganas de conocer y deleitarse en semejante oasis. Mi madre cuenta que todas las semanas bajaba con sus plantas al mercado del pueblo y siempre era la primera en terminar el género, luego ayudaba a las demás vendedoras a "sacar" lo de cada una.


Mientras Concha trabajaba en su enorme huerta y su hermoso jardín, Herminio, mi abuelo, dedicaba su tiempo al honorable trabajo de la ebanistería, y lo que más le gustaba, era hacer juguetes de madera para los niños.

Recuerdo pasar las horas de calor de la primavera en el jardín de mi abuela, recuerdo a la perfección cada rincón exuberante y a sus queridos claveles, en un bancal a las puertas del taller de mi abuelo, siempre andaba con cuidado de pasar desapercibida, porque a Concha no le gustaba que molestaran a sus plantas. A ambos lados del pasillo que conducía a la casa, tenía dos macizos florales de evocación salvaje, mientras que el frontal era más formal con sus hileras de setos pulcramente recortados, creando una combinanción sugerente y directa. Allí vi por primera vez "Los Pendientes de la Reina" y el "Don Diego de Noche" y escuché sus secretos de doncellas fugitivas. A la derecha había una plataforma de orden paisajista, con un césped verde impoluto y arriates rodeándolo donde se intercalaban multitud de especies combinadas por color y tamaño, pues Concha tenía el don de la armonía y donde ponía el ojo, reinaba la belleza y la vegetación como respondiendo a su criterio, emergía sin cofusión, con una dedicada labor y amor al paisaje. Detrás de la solariega casa, tenían Concha y Herminio una finca enorme dedicada a la crianza de los arboles frutales y una huerta rica, donde no faltaba un espacio meticulosamente dedicado a las plantas medicina. Concha escribía en su libreta todo lo concerniente a las plantas, y yo en secreto lo usé para inspirarme escribiendo a mis siete años, mi primer compendio de plantas mágicas. Ahora, cuando lo veo, me asalta la nostalgia de esa niña que jugaba desde pequeña a perderse entre la vegetación y simular que esa era su casa.

Mi madre cuenta, que no había especie que en sus manos se malograse, y que no era nunca para ella un esfuerzo lograrlo. Su hermano Javier, mi tío abuelo, también era horticultor, pero ¿quién no lo era viviendo en un pueblo en aquellos años?, él, amante de los manzanos, conocía el secreto para que sus árboles llenaran la despensa de sabrosas manzanas cada año, eso de "un año si y un año no" para él no existía.


Mi madre tiene las "manos verdes" aunque ella nunca ha tenido jardín, ni ha sentido un interés profundo por las plantas, no ha investigado ni estudiado el mundo vegetal, pero siempre la recuerdo cantando mientras cuidaba sus plantas, sin saber su nombre ni su origen, pero con un instinto interior para sacar de cada una de ellas lo mejor, porque a mi madre, no sólo no se le mueren las plantas, si no que con ella, superan holgadamente sus esperanzas de vida y crecen de un modo desorbitado, parece que sus manos desprendan un abono vivificador, un purín de amor y de simbiosis, ella, es una especie de micelio humano, sin ser consciente de ello, de tanta naturalidad en su relación con ellas. Eso son las manos verdes, manos movidas por un instinto mayor, que reverdecen el mundo vegetal, que lo amplifican, que sin necesidad de libros o de cuidados detallados, dan vida a las plantas en un ensamble perfecto con la jerarquía celestial del mundo vegetal.

Yo, así por casualidad, nací el día de la Manifestación de la Jerarquía Vegetal y me crié amando la naturaleza y vagando libremente por ella, llegando a tener incluso una obsesión por los árboles, no creo que muchos hayan hecho tantas casetas en los árboles como yo hice en mi infancia, porque literalmente tenía una necesidad muy intensa de guarecerme dentro de ellos, en mi barrio eran populares mis casetas y mis amigos se dejaban arrastrar por mi pasión. A los once años, comencé a guiar mis primeras excursiones a los bosques organizadas y ¡no pocas aventuras vivimos en ellas!. Bauticé todos los bosques de los alrededores de mi barrio, ahora me río recordando aquellos nombres, y en todos, soñaba con hacer un poblado donde los niños fuéramos absolutamente libres. Las plantas, los árboles, los bosques, las excursiones interminables, las aventuras silvestres, pueblan mis recuerdos. No suelo hablar de mi familia, ni de mis recuerdos, pero a veces, es bueno dejarlo por escrito, porque uno no sabe si la memoria le acompañará siempre. Mis padres fueron montañeros y trotamundos, y grabaron en mí los códigos de la Naturaleza, y por ello y por lo vivido, les estaré eternamente agradecida.




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