Sola en el Bosque Nocturno

Cada uno vive en perspectiva de su realidad y de su conveniencia. De esta manera me fui ayer a domir sola al Bosque, aunque no es acertado decir sola, ya que una allí, siempre está acompañada. En ese gran organismo todo está vivo y todo es coherencia. De ahí nace mi gratitud.

Fue bello cruzar el Bosque en oscuridad y silencio, acostumbrando mis ojos y mis movimientos lentos a la penumbra. En este estado no es posible tropezar, ni hay lugar para el miedo, pues el miedo llega cuando se genera un vacío y en la noche del Bosque yo estoy llena. Cada rama, cada tono del rio, cada animal acechando mi campamento, cada copa de cada árbol extendiendose hacia el Cielo... cada instante, estuvo lleno de belleza, con lo cual, no, no hubo espacio alguno para el miedo.

Fuí honrada con la visita de un zorro, que rascó mi tienda buscando algún manjar del mundo civilizado. La garza se posó grandiosa como es, al amanecer, allí donde en otro momento se alzó el fuego de la hoguera. Los jabalís, con su caminar aparentemente torpe, deambularon próximos, mientras yo, me encontraba con el sueño. ¡Estuve tan acompañada!¡me sentí tan apreciada!

El silencio allí está lleno de sonidos, crujires, piares, la arboleda mecida por el viento. Y lo asistí como quien asiste a un concierto, en primera fila, asiento de honor, un pase privado y valioso, sin distracciones. La Sinfonía del Bosque, donde cada componente, por grande o minúsculo que sea es una pieza clave. Es importante usar el movimiento interno acertado para apreciar la valia del Bosque, no dejarse arrastrar por conceptos y paradigmas vulgarmente usados. Se procede a través de la voluntad. Y con voluntad de amar, más no de temer, se anda. Con voluntad de crear belleza, no daño, uno se mueve. Y así la vida se va enriqueciendo, entendiendo que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita poseer. Es sin duda, el compartir.

Noelia Velasco

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