Aprender de o con los árboles

A veces me preguntan cómo aprender sobre los árboles, qué método es mejor, o si es un proceso muy difícil. Respondo: del bosque se aprende en el bosque. ¿Mi método? Yo aprendo dedicando tiempo todos los días de mi vida, obsevando minuciosamente desde el detalle mas exiguó de una hoja, hasta la copa grandiosa de un humero. Tomando notas constantes en libretas garabateadas y repletas de símbolos y dibujos. Caminando entre el barro durante horas para encontrarte con un ejemplar que precisas observar en momentos de floración o en la retirada de su savia. Respirándo en silencio junto a ellos. Mis manos a estas alturas son asperas, mi manicura perfecta incorpora tintes de barro, el color de la tierra... mi color preferido. Siempre regreso a casa con algún rasguño nuevo, ¡condecoraciones de esfuerzos!. Ya en la ducha, me doy cuenta de que un montón de bichejos me han acompañado buceando entre mi ropa interior ¡descarados!, recojo los que puedo para llevarlos al jardín más cercano, en eso se me va el tiempo. Esto no es para señoritas, es para mujeres recias y que presuman si acaso de las hojas caidas en su pelo. ¿Difícil? Puede ser difícil cuando es una aficción, nunca cuando es tu pasión. La pasión hace que el aprendizaje fluya y los conceptos para otros ilegibles, para ti suenen como música de los dioses. La pasión te invita a robarle al universo instantes infinitos con tus grandes amigos: los árboles, el sotobosque poblado, los minúsculos insectos pululando en linea en busca de comida. Los animales en cualquier tamaño y variante. Si esta es tu pasión lo sabrás, porque todo te empujará a sumergirte en ella, sin límites, ni murallas, ni diques, ni preguntas, ni dilemas. Lo sabrás porque aprender no es un esfuerzo. Lo sabrás cuando hayas recorrido más de mil kilómetros para encontarte con un árbol con el que llevas soñando semanas, incluso meses. Lo sabrás cuando día tras día, te acuestes y tu mente le dedique a ellos sus últimos pensamientos.

Noelia Velasco

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