La Autenticidad del Bosque

Caminar en el monte, en el bosque, implica aceptar su verdadera naturaleza. Me doy cuenta del velo “naif” o edulcorado con el que somos tentados a enmascarar un medio tan bello como brutal, tan sutil como duro. Y de esto aprendí mucho en el Camino de Santiago y más tarde en mi salidas diarias al Bosque; no hablo de paseos por un parque, hablo de zambullirme en el barro, de abrirme paso entre las zarzas, ¿Sería el barro acaso, todo el lodo que recogía mi cuerpo a modo de bochorno y por eso al principio me turbaba? ¿Serían las zarzas los obstáculos que me ponía a mi misma y por ende me rasgaba tan duramente la piel?

Si alguien se piensa, que el bosque sólo va a ofrecernos momentos dulces, atardeceres cálidos, paseos amables, entonces, es mejor quedarse en casa. Por que la Naturaleza es mucho más que eso, y subestimar sus posibilidades es caminar con una venda muy peligrosa sobre nuestros ojos.

Cuando ves por primera vez el festín de un insecto devorando a otro que se retuerce vivo en los estertores de la muerte, mientras su depredador lo mastica y lo engulle sin prisa, sin inmutarse; entiendes que el mundo es complejo y que sólo el nuestro está bañado por valores humanos, cuando otros viven ligeros de apegos y etiquetas, ajenos a nuestros códigos de conducta y nuestral moral apuntalada en los siglos de evolución social. La fecundidad en la Naturaleza es apabullante y expresiva, es tan descuidada como generosa, en nuestro mundo, sin embargo, horroriza y es causante de rubor. No podemos entender lo que no sentimos, y por ello es necesario ir al bosque sin juzgar, sin imponer nuestro mundo, sin elaborarnos de ante mano posibles respuestas, observando los procesos sin intervenir en ellos, despojándonos de conclusiones precipitadas. Es preciso comprender que querer participar de un mundo tan diferente al nuestro, requiere de una preparación técnica y práctica, emocional y espiritual, todas en la misma proporción y embergadura. Observar sin poner mente, participar sin inmiscuirse. Como dijo Herman Hesse "Quien a aprendido a escuchar a los árboles ya no desea ser un árbol, no desea ser más que lo que es".